Septiembre de 2004 – Diciembre de 2007: Un tramo final en segundo plano
“Guga”, un ídolo con pies de arcilla (I)
“Guga”, un ídolo con pies de arcilla (II)
La victoria ante Roger Federer en Roland Garros ya no era más que un recuerdo lejano… Solamente habían transcurrido cuatro meses desde su épico partido de cuartos en la Porte d’Auteuil y “Guga” tuvo que rendirse de nuevo a la evidencia: era necesaria una nueva operación. Su cadera seguía haciéndole sufrir; además, un músculo glúteo (¿secuela de la primera operación?) se le paralizaba por momentos y le impedía andar. ¡Así que rumbo a Estados Unidos! Después de Nashville, era en Pittsburgh donde iba a poner en juego la continuación de su carrera.
El doctor Marc Philippon tenía la enorme responsabilidad de salvar al soldado Guga. Este joven cirujano, discípulo de Thomas Byrd (autor de la primera operación), reputado por haber restablecido a golfistas y jugadores de hockey norteamericanos, y recomendado por Sargis Sargsian, procedió de una forma diferente para curar esa parte del cuerpo tan compleja. La operación duró cuatro horas. El 21 de septiembre, el doctor Philippon realizó una artroscopia de la cadera derecha para retirar partículas óseas acumuladas entre el cartílago y la cabeza del fémur.
La nalga paralizada
Acompañado por Rafael, su hermano mayor, y Mariângela Lima, su fisioterapeuta contratada unos meses antes, pero sin Larri Passos (“yo no tengo nada que ver con esa operación”, precisó), Kuerten recobró la esperanza al oír los comentarios alentadores del equipo médico. Y esta vez quiso mostrarse prudente en su periodo de convalecencia. Así, no fue en las Bahamas (como tras la primera operación) sino en la clínica de Pittsburgh donde se sometió a los ejercicios de rehabilitación, a la espera de dejar las muletas. La morriña le podía y echaba de menos el circuito, pero aguantó el tipo y confió en que los tres meses de convalecencia en Estados Unidos supondrían un nuevo comienzo…
De regreso a Brasil, el 18 de diciembre, prosiguió su rehabilitación en casa de su madre, en su feudo de Florianópolis. La piscina y el gimnasio integraban su agenda diaria para sanar su cojera. La lesión parecía ir desapareciendo y, por fin, volvió a coger la raqueta en febrero de 2005… ¡sin Larri Passos, por primera vez en más de 10 años! “Ya lo veía venir desde el mes de enero”, recordó el entrenador. “Fue Rafael, su hermano, quien me llamó por teléfono para decirme que ponían fin a la colaboración”. Fue un duro trago para Passos. Si bien Kuerten precisaría en un comunicado que “Larri siempre seguirá siendo como un padre”, el divorcio era brutal…
Sin Larri Passos
Así pues, retomó el pulso a la competición en solitario, en abril de 2005 en Valencia. Tras ser arrollado en la segunda ronda por “Beto” Martín, se inclinó a las primeras de cambio en Montecarlo, contra Mario Ancic. En Roma, el castigo fue el mismo (derrota en la ronda inicial contra Tim Henman), pero esta vez, Guga ya no estaba solo. Acababa de integrarse en el grupo de Hernán Gumy, un ex profesional argentino, donde se encontró con Guillermo Cañas y Fernando Cao (preparador físico).
Kuerten sintonizó bien con los gauchos, pero David Sánchez vino a estropear su nueva dinámica al eliminarle en la primera ronda de Roland Garros. “No sentí ningún dolor”, recordó. “Pero en el plano de la resistencia física, ¡fue desastroso!”. Después, prolongó su estancia parisina y se pasó un mes trabajando en el escenario de sus primeras gestas, pero sin éxito. No ganó ni un solo set en tres torneos seguidos: Stuttgart, Umag y Sopot. Antes del Abierto de Estados Unidos, rompió relaciones con Mariângela Lima, su fisioterapeuta. En el “grande” neoyorquino doblegó a Paul Goldstein, pero volvió a caer ante Tommy Robredo en la segunda ronda.
Entrenando con Cañas y Nadal
Pese a todos esos sinsabores, Kuerten decidió echar toda la carne en el asador en la pretemporada. Se fue a Buenos Aires, a casa de “Willy” Cañas, y luego a Barcelona, en enero de 2006, donde se entrenó con un tal Rafa Nadal. “Puedo volver a meterme en el ‘top 20’”, trataba de convencerse entonces. Sin embargo, la mala suerte parecía perseguirle y, una semana antes de ir a jugar a Viña Del Mar, se produjo un esguince de tobillo. Volvió a jugar en Costa do Sauipe (derrota contra su compatriota André Ghem) antes de disputar la Copa Davis, en Perú, en medio de ninguna parte. Formando pareja con su amigo André Sá, acabó abandonando la pista en un estado lamentable, tras más de 4 horas de juego.
Al cabo de ese partido maratoniano, su cadera estaba de nuevo que echaba humo. Con la moral seriamente tocada, regresó a Estados Unidos para ver al doctor Philippon, que se había mudado a Colorado. Siguió un tratamiento durante casi dos meses y, a su regreso a Brasil, en abril, se puso en manos del célebre Nilton Petrone, alias Filé, el fisioterapeuta de Romario y Ronaldo. Así, se pasaba la mayor parte de sus días en una camilla de masajes, esperando un milagro.
“¿Y Larri?”
Al verse obligado a abandonar las pistas, sus relaciones con Hernán Gumy se deterioraron. El 14 de septiembre de 2006, 17 meses después, se produjo la ruptura con el entrenador argentino. El triple campeón de Roland Garros se reunió entonces con sus seres cercanos para definir el perfil de su futuro técnico. Tras 20 minutos de infructuoso intercambio de impresiones, Guga exclamó: “¿Y Larri?”
“Estaba jugando al golf con mi familia, en el sur de Brasil, cuando Guga me llamó por teléfono”, nos contó Larri Passos. “Quería verme, hablar conmigo. Yo le dije: ‘Vale, ¡pero coge tus raquetas y vente a mi academia!’. Pero Guga ya no era el mismo. Estaba muy mermado. Su cadera era un problema, su nervio del músculo glúteo también. Para mí estaba claro que, desde Miami 2007, ya no era capaz de estar a tope. Pero como es un tipo valiente y no quería retirarse, volvimos a la carga”.
El año 2007 iba a ser el que lo confirmaría: Kuerten ya no podía luchar más. Disputó 12 partidos con apenas 2 victorias (contra Filippo Volandri en Costa do Sauipe y ante Wesley Moodie en Las Vegas), y su estado físico, sin solución, le traumatizaba. Así, consultó a diversos médicos en Italia, Suecia, Inglaterra, Estados Unidos… Cada uno aconsejaba un remedio, pero ninguno funcionaba. Tuvo que rendirse a la evidencia: su cuerpo le había dejado plantado.